Escapada a La Vera

La Vera es la comarca del agua y de los paisajes siempre verdes. No en vano es la zona que registra mayor cantidad de lluvia anual de toda Extremadura (superior a 1000 mm.), con valores propios del Norte de España, a lo que hay que sumar los aportes de las cuarenta y siete gargantas que descienden desde la Sierra de Gredos (altitudes por encima de los 2000 m.), la de Tormantos y la de San Bernabé, cuyas cumbres permanecen nevadas una buena parte del año.

El territorio comarcal queda organizado en tres escalones de altitud descendente, delimitados por fallas tectónicas, cuyos recursos diferenciados sostienen la economía agraria tradicional. El escalón superior lo conforman las sierras; un gran borde que separa La Vera del Valle del Jerte y de la provincia de Ávila. Presenta distintas formaciones vegetales según la altitud, aunque con claro dominio del robledal. El escalón inferior (altitud de 300 m.) es el valle del río Tiétar y marca el límite comarcal por el Sur. Constituye una cuenca sedimentaria de fértiles suelos, donde se han desarrollado cultivos de regadío que dan fama a La Vera: tabaco, pimiento para pimentón, espárrago, etc.

Entre ambos escalones se desarrolla un bloque central (en torno a los 500 m. de altitud), a modo de piedemonte de Gredos y dominando el valle del Tiétar. Es la zona donde se refugian los cultivos tradicionales, al abrigo de los vientos del Norte que proporciona la sierra.  Aquí el paisaje es ondulado y suave, y sobre él se ha desarrollado el poblamiento: diecinueve núcleos de variable tamaño, con Jaraíz de la Vera ejerciendo de cabecera comarcal.

Estos pueblos se integran en el paisaje, creando conjuntos urbanos de singular belleza. Destacan: Pasarón, Garganta la Olla, Cuacos de Yuste, Valverde y Villanueva (declarados Conjunto Histórico Artístico). Su arquitectura entramada se singulariza por las sorprendentes composiciones volumétricas, por los grandes vuelos en fachada, adoptando soluciones de gran originalidad, y organizándose con un urbanismo medieval lleno de encanto y sabiduría.

Son numerosos los ejemplos de arquitectura culta en La Vera, pero todo queda ensombrecido por la poderosa presencia del Emperador Carlos I, en su retiro final del Monasterio de Yuste (1556 – 1558), de visita imprescindible. Sorprende la Residencia de Yuste por su austeridad, pero también por la belleza paisajística del lugar. Sólo unos pocos fieles le siguieron a su retiro; entre ellos, su maestro cervecero y su cocinero. La buena cocina acompañó al viejo monarca hasta el final, descubriendo las delicias gastronómicas de La Vera: truchas, cerezas, guisos de cabrito verato (raza autóctona), pimentón de La Vera (Denominación de Origen), quesos de cabra y oveja, vino de pitarra, licores y dulces artesanales.

 

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